Historia con Alejandro Absurda y de humor
Alejandro llevaba por más de una hora orinándose encima porque se había bebido un montón de zumo de manzana.
Al fin pudo llegar a su casa para echar la orinada, mientras lo hacía, cantarrueaba una canción guarrilla pensando en su novieta Anye.
-Unmm mi Anye, ya verás cuando veas mi Aleconda, te la meto, la disfrutas y la gozas.
Unmm, yeah yeah, tu Alejandrito cachondo, con mi buena sarmienta vente para acá, buen gozo, lo disfrutarás.
Y mientras expulsaba las últimas gotitas meneando su herramienta con maestría, sin dejar salpicar ninguna gota fuera de la tacilla, su Anye, medio dormida, sin saber que él andaba allí, entró para lavarse los dientes.
Allí le pilló con la pollaza en la mano, menudo grito que pegó.
Tuvo que lavarse los dientes en el otro váter.
Después, cuando regresó a su habitación, Alejandro estaba allí en la cama sentado, con unos pantalones negros ajustados, un poco abierto de piernas, mostrando su aparato al completo en erección suprema.
-Me cago en todo Alejandro, qué miedo por dios.
¿Qué es eso que tienes ahí?
¿Por qué la tienes dura?
-Unmm mi Anye, antes me viste con mi herramienta de capa caída, eso me dejó por los suelos, por eso, debes mirar en todo su esplendor el poderío que guardo en los calzoncillos.
Y cómo si de un mago se tratara, se arrancó los pantalones, los sacó sin esfuerzo de un tirón, bajo ellos, no llevaba el calzon, su miembro eréctil se erguía en lo alto con la mayor chulería posible, palpitante y agonizando por ser apreciado.
-Mira Anye, así me la pones, no veas qué cachondo me pongo cada vez que veo tu vídeo porno.
Ven, que vas a satisfacer mis fantasías más cochinas.
Alejandro, tu rico pervertido, siéntate encima y gocemos con pasión.
Y con un poder mágico que usó, Anye fue atrapada por su hombre cachondo.
La boquita de Alejandro jugueteando con la de su hembra salvaje, metiendo incluso, la lengua en la boca, como rebuscando en ella.
Anye metió la mano bajo su camisa para sobetear su torsito que mojaba sus braguitas de abuela.
Cuando Alejandro se coscó de ellas, se enfadó un poco y todo.
-Oy oy oy Anye, esas bragas, te dije que mejor no usarlas, trae, que me las pondré yo en la cabeza.
Y Alejandro le arrancó las bragas para ponérselas a modo de sombrero mientras que Anye le azotaba el culo para castigarle por aquello.
-Aaay, qué bruta eres por dios, mis nalguitas del pecado, ya no me podré sentar.
-Calla Alejandro, eso por usar mis bragas de esa manera.
Y al final, el pobre hombre no pudo darle con su Aleconda, porque le dolía tanto el culo, que acabó por tener que usar un sofá de hielos para calmar el escozor, lo malo es que los testículos se le helaron también y ya se le fueron las ganas de todo.
James luego tuvo que venir para descongelar su culo y huevos, lo malo es que se le fue la mano quemándole un poco y ya, por un mes, sin poder sentarse estuvo, maldiciendo y con la intención de castigar a Anye duramente, eso sí, sus bragas de Abuela se las quedó para siempre.
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