El estreñimiento de James

 James estaba con el culo bien estreñido después de comer un jugo de bayas en el puesto de la tía Jacinta.

Era una miltank que siempre le echaba piropos, esta tenía una huerta de bayas, y siempre que James pasaba por allí, le insistía demasiado en que se pasara a tomar de sus jugos.

Como James no quería ser maleducado, siempre bebía de más y tenía que correr a casa para ir al baño al poco rato.

Hoy, el día estaba brutal ya que su Anye iría a visitarle en un rato y debía cagar lo antes posible, pero, el truño no salía ni a la de tres y tenía medio churuzo afuera, mientras que el otro cacho, se resistía a salir con toda su chulería.

Los sudores se estaban apoderando de su cuerpo al no poder echar la mierda como se merecía, sentía que hasta el fuego de su cabeza, acabaría viajando hasta su culo para incendiar la taza del váter.

Como no sacara ese tronco lo antes posible, Anye llegaría a casa y le pillaría en el baño, y hoy, quería estar ya listo desde hacía rato, porque incluso había comprado un nuevo perfume para que ella se pusiera tontita.

El ano comenzaba a resentirse de la fuerza que estaba ejerciendo, ni en su más severo entrenamiento, había tenido que usar tal fuerza como la que ahora, su cavidad anal estaba necesitando.

Por unos momentos, pensó que el truño al fin sería liberado, pero lo que logró escapar entre la mierda atascada y su recto, fue un sonoro pedo que, con un ensordecedor eco, retumbó por todo el retrete.

En vista de que el atascamiento no iba ni para adelante, ni para atrás, gritó en todo lo alto, como un súper Saiyajin, envolviendo su cuerpo en fuego pensando que así podría desintegrar esa pedazo mierda apoteósica, no sirvió para nada.

Anye llegaría en cualquier momento, estaba encharcado en sudor, agobiado y desesperado, pero introducir el dedo en ese lugar no sería una opción para él por nada del mundo, así que, como última opción, concentró toda la energía de su fuego interno, de una manera, en la que estaba más serio que nunca, fluyendo hasta ese lugar con un ímpetu que hacía arder sus intestinos, expulsado humo por su ojete como una olla a presión que explotaría en cualquier momento, culminando con un lanza llamas anal, expulsando mierda salvaje contra el agua de la tacilla, quemando todo a su paso, quedando completamente exahusto y acabado, siendo encontrado poco después por su amada tirado en el suelo con el culo al igual que una hoguera que hacía rato se había apagado, echando un hilo de humo que poco a poco se iba perdiendo en lo alto.

Anye tuvo que limpiarle bien todo, y después, dejarle descansar en la cama dándole muchos mimos, James jamás olvidará la vergüenza que pasó aquel día.

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